Lunes, 25 de febrero de 2008


Primer capítulo

 

La sonrisa de 50 dólares

 

I.

Kenzo

 

Aleksandar es un andrógino. Unos pronuncian su nombre como Aleksa, otros como Sandra. Es decir, en este momento Aleksa Klozevits (alias Sandra Klozevits) está sentado en el café El Tercer Gato y le pide un café con leche y una medialuna a una hermosa camarera negra. Aleksa tiene un pendiente en una ceja, y viste camisa azul y pantalón de mezclilla. Calza mocasines negros poco profundos, sin calcetines. Lleva un hermoso bigote prendido no a su labio superior, sino directamente a su sonrisa.

-¿Qué es lo que llevo puesto hoy?-le pregunta la negra. Su sonrisa no tiene bigotes. Su sonrisa está en verso.

-Augusta, Augusta, desde la puerta he notado que te has cambiado hoy. Veamos…Desde luego, hoy llevas una gota de Amsler en el pulso. Y en alguna otra parte también. No está mal. ¡Jean Luc Amsler!

            Alekasa interrumpe sus conjeturas a media palabra, porque por detrás entran dos varones jóvenes, bien vestidos. Los dos visten trajes de 500 dólares que les quedan como si les hubieran costado 1000. Antes de verlos en el espejo frente a la puerta, el olfato de Aleksa reconoce sus aromas. Uno lleva el corte de pelo como un luchador de sumo, que cuesta lo mismo que los caros zapatos en sus pies; como perfume lleva un Kenzo. El otro es un negro con una sonrisa que vale por lo menos 30 dólares cada pieza, y en vez de camisa tiene una cadena de oro. Huele a la fragancia de Calvin Klein.

            Al instante, Aleksa le grita a la camarera:

            -¡Otra medialuna, por favor!- Y se escabulle por la puerta que dice wc. Los dos tipos intercambian las miradas y toman asiento sin quitarle la vista a esa puerta. Dentro, Aleksa se quita rápidamente la camisa azul, se queda en una blusita roja de mujer con senos postizos incorporados, de su bolso saca y se pone una peluca negra, vuelve el bolso al revés y éste es ahora una cartera femenina de charol en la que empaca sus mocasines. Se queda descalzo con las uñas pintadas de color chillón. Se quita el bigote pegado y el pendiente de la ceja, se pone el rojo de labios y sale deprisa. De paso lanza un billete sobre la barra gritando con un alto profundo de mujer: “¡Augusta, corazón, quédate con el cambio!” y de un salto sale del local con el brazo levantado llamando un taxi…

            Dos jóvenes observan confundidos esta escena. Sólo después de que Augusta estalla en risa, que es de nuevo versificada, ellos pegan un brinco como si se estuvieran quemando y se echan a correr tras Aleksa, quien es ahora Sandra. Luego de una persecución sumamente corta, el negro lo atrapa, lo despoja de la peluca y le dice:

            -¡No vayas a ocasionarnos problemas o te daré dos bofetadas! Una bofetada negra y otra amarilla. ¿o.k.? ¡Ahora escucha! Alguien quiere verte. Tú sabes quién es y sabes por qué. Será mejor que te calmes.

            Lo conducen a una tienda de libros viejos. En la trastienda huele a cigarros. Dentro de ese aroma está sentado un señor enorme que juega con un cortapuros. En la penumbra alrededor de él destellan los títulos dorados en los lomos de los libros sobre las repisas. Todos en la ciudad lo llaman “Sir Winston” y es famoso por saber siempre por anticipado quién será asesinado y cuándo.

(...)

 


Publicado por Goizeder @ 20:30  | Textos
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