Viernes, 12 de mayo de 2006
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LEANDRO



?l era la mitad de algo. Una hermo-
sa, fuerte y dotada mitad de algo, que
tal vez era m?s fuerte, m?s grande y m?s
hermoso que ?l. Era, por tanto, la mitad
m?gica de algo majestuoso e inescruta-
ble. Y ella, era un todo. Un todo
peque?o, desorientado, no muy fuerte y
carente de armon?a, pero un todo.



-Todos los futuros poseen una gran virtud: la de no ser jam?s tal y como te los imaginas ?le dec?a a Leandro su padre.
En esa ?poca, Leandro todav?a no era hermoso; a?n no se llamaba Leandro como m?s tarde, pero su madre ya le hab?a entretejido los cabellos como un encaje holand?s, para que no tuviera que peinarse durante el viaje. Al despedirse de ?l, su padre dijo:
-Tiene un hermoso y largo cuello, un cuello de cisne; caer?, ?Dios no lo quiera!, bajo un sable.
Y Leandro recordar?a esas palabras toda la vida.
En su familia ?los Chijorich-, todos, salvo el padre de Leandro, eran alba?iles, herreros o apicultores de generaci?n en generaci?n. Los Chijorich hab?an llegado al Danubio, a los pies de Belgrado, desde Herzegovina, procedentes de una regi?n donde se aprend?a a cantar en la iglesia antes que el abecedario, y las aguas, en esta tierra natal suya, flu?an hacia dos mares: por un lado del tejado, las lluvias se derramaban hacia Occidente, hasta el Neretva y el Adri?tico, y por el otro, hacia Oriente, por el Drina al Sava y al Danubio hasta el mar negro. S?lo el padre de Leandro hab?a renegado de la tradici?n familiar, porque de la construcci?n de casas no quer?a ni o?r hablar.
-Cuando me adentro en Viena o en Buda, entre esos edificios que all? donde lleg?is erig?s a tontas y a locas, de inmediato me pierdo, y s?lo cuando me doy de bruces con el Danubio, donde el lucio es m?s est?pido en febrero, s? d?nde estoy y qui?n soy.
(...)


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HERO



La cara interna del viento
es la que queda seca mientras
el viento sopla a trav?s de la lluvia.


Uno de los adivinos baratos.



?Durante la primera parte de su vida, la mujer da a luz, y durante la segunda, mata y entierra, bien a s? misma bien a los que est?n a su alrededor. La cuesti?n es saber cu?ndo empieza la segunda parte.?
Con estos pensamientos, la estudiante de qu?mica Heronea Bukur rompi? un huevo duro en frente y se lo comi?. Era todo lo que le quedaba de sus reservas. Ten?a el pelo muy largo y lo usaba a guisa de calzador. Viv?a en el lugar m?s concurrido de Belgrado, en una habitaci?n alquilada encima del restaurante El barrilete de oro, y ten?a la nevera llena de novelas de amor y cosm?ticos. Era joven, arrugaba los billetes en su mano como un pa?uelo cuando iba de compras y so?aba que en alguna parte de la costa se tend?a por la tarde sobre el agua y dorm?a media hora. Recordaba los brazos de su padre, por los que como olas agitadas por el viento flu?an arrugas, y sab?a callar en modo mayor y en modo menor. La llamaban Hero, adoraba el pimiento, llevaba el beso siempre picante y bajo la bata blanca de qu?mica un par de pechos bigotudos. Era tan r?pida que pod?a morderse su propia oreja, diger?a ya en la boca y entend?a que cada tres o cuatro siglos algunos nombres femeninos pasaban al g?nero masculino, mientras que el resto se queda igual.
Sin embargo, hab?a algo que no pod?a encajar en su imagen l?mpida del mundo. Eran los sue?os. ?De d?nde ven?a todas las noches, en una vida tan simple en la que s?lo se pod?a correr entre dos orejas, algo tan inexplicable como los sue?os? Algo que dura despu?s de la muerte.
?Los sue?os se reencarnan?, pensaba Hero, ?y a menudo los sue?os femeninos en un cuerpo masculino y viceversa? ?Cu?nta gente se encuentra uno ?ltimamente en los sue?os! ?C?mo nunca! ?Yo ya estoy superpoblada!?.
(...)
Publicado por Goizeder @ 23:36  | Textos
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